Decálogo del comprador inteligente de dermocosmética

A la hora de adquirir un producto para el cuidado cosmético de la piel deben tenerse en cuenta una serie de consideraciones muy importantes que nos aseguren una elección adecuada a nuestras necesidades y de calidad.

 

Para ayudar a los consumidores a tomar una decisión de compra inteligente, AECOSM ha elaborado este Decálogo que puedes leer en esta página o descargarlo en el enlace:

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1.- Antes de comprar, identifica las necesidades.

Es el primer paso imprescindible. Lamentablemente, la mayoría de los consumidores/as nunca se han sometido a un diagnóstico cosmetológico y toman las decisiones de compra en base a creencias, falsos mitos, recomendaciones no cualificadas, estímulos sensoriales, publicidad... Antes de gastarse un solo euro, el consumidor/a debería ser diagnosticado por un cosmetólogo/a o un cosmiatra. Solo después de una evaluación profesional podrá tener la información necesaria para escoger el producto más adecuado.

2.- La piel evoluciona. Cuidado con no adaptarse.

Es muy habitual que el consumidor/a haya definido, por si mismo, su tipo de piel como grasa, mixta o seca, y en función a este criterio, adquiera permanentemente un tipo determinado de productos. No es recomendable encasillarse de esta manera puesto que la piel es un órgano vivo y sufre constantes modificaciones por factores internos y externos.

A modo de ejemplo, una persona adulta que ha tenido la piel grasa en la adolescencia, suele continuar comprando productos especiales para pieles grasas, originando así un desequilibrio y consecuentemente una falta de confort.

Además, una gran parte de los consumidores confunden la piel seca con la piel deshidratada. Es importante saber diferenciar entre el contenido de agua y el contenido de grasa. Una piel sana debe tener un balance hidrolipídico adecuado.

3.- Hidratación como pilar básico.

Mantener los niveles de hidratación adecuados es el pilar básico en el cuidado de la piel. Una piel deshidratada enferma con mayor facilidad y envejece con más rapidez.

La piel necesita una adecuada hidratación todos los días y con beber agua no es suficiente. El agua que bebemos llega en un porcentaje muy pequeño a las capas superficiales de la piel y apenas contribuye a su hidratación. 

Para tener una piel sana es necesario que esté bien hidratada y para ello lo fundamental es no agredirla y aplicarse a diario una crema o loción con propiedades hidratantes.

4.- La composición es la clave.

En la era de la información, es desconcertante observar como la gran mayoría de consumidores/as toman la decisión de comprar un producto u otro en función a características secundarias como el color, el envase, el olor... Lo más importante en un dermocosmético es su composición. Resulta fundamental conocer los activos que contiene y el efecto que tendrán sobre nuestra piel.

Esta información debería ser proporcionada por el profesional que nos asesore durante la compra o, en el peor de los casos, consultarla en fuentes fiables como la página web oficial del fabricante. Hay que desconfiar siempre de aquellas marcas que no son transparentes con esta información. El conocimiento sobre el producto es la clave del “consumidor inteligente”.

5.- Precio justo. No es oro todo lo que reluce.

En el mercado cosmético actual, la disparidad en precios de productos de la misma categoría es enorme. Podemos encontrarnos por ejemplo, con cremas faciales que van de los 2 a los 200 euros. 

Aunque los ingredientes y activos con los que se formulan los dermocosméticos son también muy dispares en precios según su origen, aval científico y concentración a la que se usen, de ningún modo puede admitirse que su coste sea justificativo de las enormes diferencias en los precios de venta. De igual manera que no puede fabricarse un dermocosmético con activos de calidad por dos euros, ninguna fórmula cosmética justifica, solo por su composición, precios de venta tan elevados. 

Una compra inteligente es aquella en la que el consumidor paga un precio justo a cambio del valor que recibe. La clave para conseguirlo, una vez más, sigue siendo exigir un asesoramiento profesional.

6.- Cuidado con el marketing pseudocientífico.

Existen multitud de activos cosméticos con actividad científicamente probada, documentada y publicada. Aún así, varios fabricantes se han sumergido en una absurda competición de disparates: efecto láser, modificación del ADN, 10 años más joven, sin químicos... Para ser consumidores inteligentes lo mínimo que podemos hacer es aplicar el sentido común. Como ya dijera Charles-Maurice Talleyrand Périgord en el S. XVIII “lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”

Prudencia también con los estudios de resultados basados únicamente en una opinión subjetiva del individuo, como por ejemplo “el 90% notó la piel más firme”. 

7.- Aprovecha los avances tecnológicos.

Al igual que han evolucionado sectores como la electrónica o los alimentos, la dermocosmética ha experimentado en las últimas dos décadas un desarrollo técnico espectacular. Los investigadores generan constantemente avances en eficacia, comodidad, formas de administración, envases... Por todo ello, el consumidor debe mantenerse informado y evitar conformarse con productos obsoletos. Por ejemplo, ahora están disponibles fotoprotectores de elevado FPS y textura muy fluida e incluso en spray, mucho más cómodos y agradables que las antiguas cremas densas que dejan una capa blanca sobre la piel. Otros ejemplos podrían ser las BB cream, las aguas micelares, los boosters o las brumas faciales.

8.- Ser marquista no compensa.

Es razonable que un consumidor/a se sienta más cómodo con una marca que con otra. No obstante, teniendo en cuenta que lo primordial es identificar las necesidades y buscar el producto que más se ajuste a ellas, deberíamos valorar entre una mayor gama de posibilidades de las que integra el catálogo de una marca concreta. Además, la piel evoluciona y el producto o marca que hace un tiempo nos iba muy bien, puede que ahora ya no cubra nuestros requerimientos.

Por otro lado indicar que los cosméticos con marcas relevantes en otros mercados (ropa, joyería...) o nombres de doctores o personajes famosos, no implican necesariamente una mayor fiabilidad de los productos.

 
9.- Destierra falsos mitos cosméticos.

Sin saber muy bien por qué, han perdurado en el tiempo muchos mitos en torno a la cosmética que condicionan la decisión de compra de manera negativa y que por tanto, habría que desterrar lo antes posible. En la mayoría de los casos se deben a “medias verdades” derivadas de experiencias negativas con productos de épocas pasadas. Entre otros, es falso que una crema deba ser untuosa para ser eficaz, que no se puede aplicar ningún exfoliante en pieles sensibles, que los aceites son los mejores hidratantes o que una pastilla de jabón es el mejor limpiador.

10.- Compra donde mejor te asesoren.

Los productos dermocosméticos son comercializados en diversos canales: supermercados, perfumerías, peluquerías, centros de belleza, spas, farmacias, tiendas on-line... Hay marcas que solo podemos encontrar en un tipo de establecimientos y otras que distribuyen en varios canales. Además, los precios pueden variar significativamente de un punto de venta a otro. Esta caótica situación hace difícil para el consumidor escoger dónde comprar.

Desde AECOSM recomendamos que las compras se realicen donde se ofrezca un asesoramiento profesional, un diagnóstico cosmetológico y una completa información sobre los productos, así como un seguimiento personalizado de nuestro caso.

Teniendo en cuenta que una familia gasta el doble en cosméticos que e medicamentos, es lo mínimo que debe exigir un consumidor inteligente.